La Smart Visa

La Smart Visa

Pues no, no estamos hablando de la archiconocida tarjeta de crédito Visa, sino de una tarjeta que nada tiene que ver con ella, y sí, y mucho, con la identificación biométrica de las personas. Antes que nada, convendría explicar qué es esto de la biometría, en concreto la denominada informática. La biometría, a grosso modo, y de una forma genérica, es una disciplina que se encarga de analizar los rasgos personales de los individuos – ya sean fisicos, fisiológicos, o incluso psicológicos – a fin de poder distinguir adecuadamente a unos de otros con el mínimo margen de error. Ejemplos de técnicas biométricas son el análisis de las huellas digitales; técnicas de reconocimiento por la voz humana; por la observación de la estructura del iris; por la forma de escribir con un teclado, etc. Por tanto, la biometría informática no es sino la aplicación de la informática a dichas técnicas. ( Para saber más sobre las mismas, nada mejor que acudir a la página de la Agrupación de Biometría Informática Española, de la que servidor”” es socio. La dirección es http://www.ii.uam.es/~abie/ Pues bien, después de los sucesos del 11-S, los Estados Unidos están poniendo todo su empeño en la aplicación de todas las técnicas biométricas posibles que permitan tener “”controlados”” a todos aquellos “”presuntos”” delincuentes que deseen entrar en su país. Para tal fin están intentando en estos momentos aprobar una ley, que será la que regule la tarjeta de la que ahora vamos a hablar. ( El texto completo de dicha norma está en al dirección http://thomas.loc.gov/cgi-bin/bdquery/z?d107:s.1627: – una vez en dicha página, hay que darle a la opción “”Text of legislation”” -. Dicha tarjeta será de uso obligatorio e inexcusable para todo aquel extranjero que desee entrar en USA, y contendrá no sólo los típicos datos que cabría suponer en un documento identificativo tradicional, sino información biométrica del titular de la misma. A su vez, la Secretaría de Estado, y la Fiscalía General, deberán proporcionar los correspondientes aparatos lectores que permitan acceder a la lectura de los datos contenidos en dicha tarjeta.

Por otro lado, en el supuesto de que el titular de la tarjeta sea un estudiante extranjero que desee desarrollar sus estudios en los Estados Unidos, dicho documento habrá de incluir informaciones tales como dirección paterna, de sus hermanos, hermanastros, estudios realizados y experiencia profesional.

A su vez, se indica en la mentada norma que dicha tarjeta habrá de expedirse en el país de origen del extranjero que desee entrar a USA, pero … ¿ y si en ese país, por los motivos que fuere, no hubiese tal producto ?. ¿ Serán empresas norteamericanas las encargadas de “”gentilmente”” y a un “”módico”” precio proporcionarles el mismo ?. Como si lo anterior fuera poco, con toda esa información que si nadie lo remedia se va a ir generando, se creará como es lógico una base de datos, la cual será gestionada por la Agencia Nacional de Seguridad, la CIA, el FBI, y determinadas empresas privadas – USA, claro está -. ¿ Qué uso se hará de dicha información en un país que está tan poco acostumbrado, tecnológicamente hablando, y más después de los últimos atentados, al respeto de la intimidad de las personas, o por usar una expresión más en uso actualmente, la privacidad ?. Como se puede observar, lo que hemos dado en llamar biometría informática, se está convirtiendo en un suculento negocio para aquellas empresas que pusieron fe en él, pero ante todo ello, ha de hacerse siempre la misma pregunta : ¿ qué garantías puede tener el ciudadano extranjero que desea ir a Estados Unidos de que sus datos, de carácter personal, van a ser usados de una forma “”correcta”” y no van a ser cedidos a terceras personas o empresas que los van a destinar para finalidades que nada tengan que ver con la “”seguridad nacional”” del llamado Gran Coloso del Norte ?. Como muestra de la poca atención que se presta – desde la Administración – a las políticas legislativas de protección de datos de carácter personal, baste decir que existe un acuerdo entre los Estados Unidos y la Unión Europea, el llamado Safe Harbour, mediante el cual se publica una lista, por el Departamento de Comercio de los Estados Unidos, en la cual se indican las empresas norteamericanas que llevan a cabo unas medidas de protección en dicho ámbito que se pueden considerar equiparables a las preceptuadas en la Directiva Comunitaria existente al respecto. Pues bien, hasta julio del presente año sólo figuraban en dicha relación no más de 40 empresas, lo cual demuestra el casi nulo interés existente en dicho país estas materias.

 

Autor: Javier Hernández Martínez, abogado

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